¡Cuántas veces olvidamos que lo que hacemos, por pequeño o grande cambia no sólo nuestra manera de pensar, sino también afecta a quienes nos rodean!
En la semana, más que la actividad de la telaraña o la lectura del 5%, me sentí como si fuera una parada para reflexionar en torno a lo que he hecho para la sociedad y cómo he creído que no tiene gran impacto el que estuviera o no. En el instante en el que vi a mis compañeros alrededor, me di cuenta que no es una clase más que se agregue a la historia académica, no es el hecho de que pueda recibir un número a cambio por estar ahí; para mí es la oportunidad de pertenencia a un grupo que simula un punto en el universo, un granito de arena en la inmensa playa, es el mundo en pequeño del que soy parte.
Y cada parte, puede ser la persona que aporta ideas, las cuales sin pensarlo detenidamente puede tenerlas un desconocido que se encuentre del otro lado del espacio, y que por cerrarse a que se es único no se pueda fortalecer un equipo, un verdadero trabajo que se conjunte de las diferentes formaciones y experiencias que en un momento dado se interceptan con las nuestras, utopía que no podría estar alejada de la realidad, si más que el hecho de una actividad sea lo que sustente el cambio, el vencer ese miedo por dar un paso fuera del conformismo y que realmente deje algo a los demás.
A partir de hoy, no sólo es la responsabilidad de estar, sino el compromiso por hacer algo más.
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